29/9/15

Atlas Shrugged (Atlas encogido de hombros)(Película completa en 3 partes)(+PDFs descargables)


La rebelión de Atlas(Atlas Shrugged)(Completa 3 partes)


Adaptación cinematográfica de la novela de Ayn Rand: “Atlas Shrugged”

Atlas Shrugged  es una trilogía de películas de ficción dramática. Las películas, están basadas en la novela homónima de Ayn Rand publicada en 1957. Presentadas secuencialmente por Partes:  I (2011), Parte II (2012), y Parte III (2014). Los guiones fueron escritos por: John Aglialoro y Brian Patrick O'Toole (Parte I); Duke Sandefur, O'Toole, y Duncan Scott (Parte II); y J. James Manera, Harmon Kaslow y Aglialoro (Parte III). La trama de las películas tienen lugar en un distópico Estados Unidos, en donde muchos de los industriales más importantes y exitosos de la sociedad abandonan sus fortunas y la nación misma, en respuesta a las nuevas regulaciones gubernamentales cada vez más agresivas, llevando a una huelga de empresarios, y al colapso de las industrias.

En la Parte I la ejecutiva de ferrocarriles: Dagny Taggart (Taylor Schilling) y el magnate del acero Henry Rearden (Grant Bowler) forman una alianza para luchar contra un gobierno cada vez más autoritario de los Estados Unidos. En la Parte II Taggart (Samantha Mathis) y Rearden (Jason Beghe) buscan desesperadamente el inventor de un motor revolucionario, mientras el gobierno de Estados Unidos continúa extendiéndo su control sobre la economía nacional. En la Parte III Taggart (Laura Regan) y Rearden (Rob Morrow) entran en contacto con el responsable de la huelga de empresarios, John Galt, en torno al cual gira toda la serie.

Cada película de la serie ha contado con un reparto y  equipos, en su mayoría diferente. La primera película, dirigida por Paul Johansson, está protagonizada por Taylor Schilling, Grant Bowler, Matthew Marsden, Johansson, Graham Beckel y Jsu García. La segunda película, dirigida por John Putch, protagonizada por Samantha Mathis, Jason Beghe, Patrick Fabian, DB Sweeney y Esai Morales. La tercera película, dirigida por J. James Manera, protagonizada por Laura Regan, Rob Morrow, Greg Germann, Kristoffer Polaha, Lew Temple, y Joaquim de Almeida.



Atlas Shrugged: 
la novela de Ayn Rand, 
su distopía e incongruencias

“There are two novels that can change a bookish fourteen-year old’s life: The Lord of the Rings and Atlas Shrugged. One is a childish fantasy that often engenders a lifelong obsession with its unbelievable heroes, leading to an emotionally stunted, socially crippled adulthood, unable to deal with the real world. 
The other, of course, involves orcs."
John Rogers
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[Kung Fu Monkey-Ephemera, March 19, 2009]
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“Hay dos novelas que pueden cambiar la vida de un chaval de catorce años que se dedique a devorar libros: ‘El señor de los anillos’ y ‘La rebelión de Atlas’. Una es una fantasía infantil que, normalmente, suele engendrar una obsesión enfermiza con héroes increíbles que termina degenerando en una madurez emocionalmente dañada y socialmente inválida, creando un ser incapaz de relacionarse con el mundo real. 
En la otra novela, por supuesto, hay orcos.”
John Rogers


Atlas Shrugged, literalmente traducido al español, sería "Atlas encogido de hombros", es una novela de Ayn Rand, publicada en Estados Unidos en 1957 que ha sido traducida al español más bien como: La rebelión de Atlas, para inspirar un cierto sentido heroico presente en la obra, pero cambiando el sentido del título original.

El libro presenta una trama ficticia, en la cual, se pretende llevar a una reducción al absurdo, las luchas, revueltas y huelgas del sector trabajo, de masas de trabajadores y sindicatos, reivindicando derechos laborales y salariales, frente al sector capital del empresariado; ficcionando una gran lucha, revuelta y huelga del empresariado de Estados Unidos de América y en contra del gobierno y los políticos, presentados como parásitos sociales, que succionan la riqueza producida por estos empresarios. De hecho Rand quería llamar originalmente a su novela: "La huelga", lo cual representa una paradoja en su esquema conceptual, ya que al admitir la posibilidad de cualquier huelga, sea esta de obreros o en este caso de empresarios, la misma, trata de una estrategia de unión colectiva de fuerzas, es decir, es un tipo de “colectivismo”, expresión que tiene una conspicua significación peyorativa en la obra de Rand, pues por encima de este, debe prevalecer el individualismo, el egoísmo. Una obvia contradicción, ya que una huelga de empresarios, es una acción colectivista, quienes han asumido su “consciencia de clase dominante”, -como lo hubiera explicado Marx-, y han decidido luchar colectivamente por su gremio y en contra del gobierno. Es decir, han superado su individualismo y egoísmo, para crear una especie de gremio o sindicato empresarial. Esta incongruencia, es más bien, un tipo de argumentación auto-aniquliativa o suicida, pues lleva a una reducción al absurdo, las tesis del egoísmo racional, principio fundamental de la doctrina randiana, conocida como: objetivismo”.  Aun cuando, Ayn Rand, enmarca en un mismo estatus epistémico, tanto al colectivismo, como al altruismo, como al misticismo, el telón de fondo de esta saga heroica de la rebelión o huelga del sindicato de empresarios, tiene claros resabios de un emocionalismo místico. Pues la manera en que los empresarios comienzan ha desaparecer misteriosamente, evoca más bien a un tipo de “rapto” o “arrebatamiento”, propio de escatología cristiana,  en el cual son secuestrados, arrebatados o raptados los creyentes fieles por un Cristo celestial en el final de los tiempos. En el caso de la novela de Rand, se trata de los fieles al “egoísmo racional”, a una Iglesia de empresarios, que son raptados o rescatados por su Mesías, a decir, John Galt, y que son llevados a la Nueva Jerusalén empresarial prometida, liberándolos de las garras del gobierno, que es ni más ni menos, que el análogo al poder de Satanás. El misticismo milenarista en Rand, es más que evidente en esta trama, en su versión plutocrático-corporativa, de ahí, que las tesis éticas subsumidas en el objetivismo randiano, se convierten en una promesa de salvación futura para los sectores plutocrático-corporativos del capitalismo de finales del siglo XX; a la vez,  evocan una analogía con las tesis éticas del reformismo calvinista, en la Europa de inicios de la Edad Moderna, que fueron determinantes para el modo de vida y la moral burguesas de un capitalismo incipiente, tal y como lo explicó Max Weber en su obra: "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Weber da cuenta de cómo el calvinismo se presentó como una doctrina moral que justificaba la riqueza, por lo que la adquisición del dinero se devela como el valor supremo de la vida para el espíritu capitalista. Adquirir dinero, se convierte en un fin en sí mismo, no en un medio. El máximo esfuerzo y la mayor racionalidad económica, con la finalidad de obtener más riquezas, son los valores superlativos en la ética protestante, según la obra de Weber y por ello, consecuentemente, serían, según esta tesis, los países protestantes aquellos más exitosos económicamente. En esta forma de capitalismo primitivo, el duro trabajo y la austeridad, darían lugar a la acumulación de riqueza, o de capital por medio del ahorro. El calvinismo, traduce entonces la moral cristiana, en una ética del enriquecimiento, pues este, es la  señal de predestinación a la salvación eterna. En este sentido, el objetivismo randiano, es una nueva versión de calvinismo, pero con un perfil secular y en función de los intereses de la ideología dominante de las clases plutocrático-empresariales en el contexto de un capitalismo especulativo-monopolista, las cuales, se encontrarían predestinadas al poder total del sistema económico.

Pero el misticismo subyacente en la obra de Rand, va aún más allá. Una vez "raptados" o "rescatados", son llevados  a un lugar utópico en algún lugar de las montañas, resguardados secretamente y por alta tecnología, en dónde se han refugiado todos los genios, emprendedores empresariales y grandes capitalistas, que han sido invitados y raptados. Es literalmente una versión empresarial capitalista de la Shangri-La de James Hilton en Horizontes perdidos, sólo que en vez del místico lugar del Himalaya, se trata de algún místico lugar dentro de los mismos EE.UU. en las Montañas Rocosas, inaccesible para los no-invitados o no-iniciados. La trama se desarrolla de tal manera, que esta huelga de empresarios refugiados en el Shangri-La empresarial, termina paralizando la producción de EE.UU.

Como es común en los escritos de Rand, para poder crear una de sus muchas caricaturas argumentales (argumentos de muñeco de paja), en este caso, una feroz diatriba contra de los "gobiernos" y las políticas "colectivistas"; asume como premisa no demostrada, una falsa dicotomía, es decir, el conflicto entre la clase de los "saqueadores" y la de los "no saqueadores".  Los "saqueadores" están representados por la clase política (místicos del músculo) y los cultos religiosos (místicos del espíritu) que piensan que toda actividad económica debe estar regulada y sometida a una fuerte imposición fiscal. Los "no saqueadores" son aquellos emprendedores, los capitanes de empresa y los intelectuales que piensan que la solución está justamente en todo lo contrario. La falsa dicotomía o falso dilema, es un tipo de argumentación falaz bien conocida. Se expone una situación en la que se presentan dos puntos de vista como las únicas opciones posibles, cuando en realidad existen una o más opciones alternativas que no han sido consideradas. Las dos alternativas son con frecuencia, los puntos de vista más extremos dentro de un espectro de posibilidades. Ignorando por ende, el rango completo de otras posibilidades. Bajo este esquema dicotómico falaz, Rand desaparece de un plumazo, el papel del sector trabajo, el sector obrero, los proletarios e incluso los lumpemproletarios, imprescindibles para sostener este modo de producción, desde los estratos más básicos. Rand superlativiza la construcción ferrocarriles o la producción de acero por ejemplo, como productos mercantiles finales, y los reduce al trabajo de empresarios individuales sin más, como si no existiera trabajo obrero en la base de toda esa producción. Esta manera de apreciar los productos mercantiles, las mercancías, tan sólo en su parte final acabada y reluciente; sin considerar la cantidad tiempo socialmente necesario invertido para lograr cada pedazo de mercancía que produzca riqueza y ocultando las condiciones de explotación laboral en que se producen, revela el fenómeno que Karl H. Marx, denominó el "fetichismo de la mercancía" (Ver: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto). En esto se revela  entonces, que el discurso de Rand, más que un "objetivismo", o un "realismo" por su adscripción a las tesis de Aristóteles,  confesado abiertamente por la autora, es una inversión de la realidad material, de las relaciones de producción material, producto de interrelaciones sociales, intersubjetivamente construidas en las bases por los obreros, los trabajadores y sin los cuales, no sería posible producir riqueza alguna.

Para poder darle forma acabada a su falsa dicotomía, asume entonces un discurso falocentrista en extremo, creando sus "Atlas", "superhombres", viriles machos capaces de derrotar a cualquier enemigo en cualquier batalla y de seducir cualquier mujer que se les atraviese en camino por las buenas o las malas (hecho que ya estaba presente en su otra novela: "El Manantial"). Estos Atlas o "superhombres", son la más conspicua expresión del héroe humano, que desprecia al resto de humanos que no son como él, y quien fácilmente los derrotará en cualquier batalla que libre contra ellos, pues quedan reducidos a una especie de subhumanos, parásitos, vividores del trabajo de los demás, en sus puestos públicos. Por ello, las obras de Rand, con este perfil de superhombre ario, tuvieron especial acogida entre los dictadores fascistas, en un primer momento con Benito Mussolini en Italia y luego con Francisco Franco en España. En el caso de Atlas Shrugged, su héroe que muestra su supremacía ária, es un misterioso personaje llamado John Galt, a la vez un filósofo y científico. Galt, desde su escondite en las Montañas Rocosas, da órdenes, sugiere iniciativas y mueve todos los hilos. Junto con él, se refugian los principales empresarios e intelectuales del país. Durante el tiempo que dura este "rapto" o "huelga de los empresarios", el sistema estadounidense se va hundiendo bajo el peso del cada vez más opresivo intervencionismo estatal. La novela termina cuando los empresarios deciden abandonar su escondite y marchan a los centros de decisión económicos, encabezados por el dólar, símbolo de la parusía mesiánica de Galt, elegido como estandarte de su particular revolución, que mutatis mutandis, es la versión inversa de la Revolución Bolchevique, que tanto odio despertaba en Rand, como rusa exiliada. Galt se convierte así, en el Lenin capitalista.  
No obstante y sus contradicciones explícitas, tanto en su obra, como en la vida de Ayn Rand (-no hay que olvidar, que sus últimos años de vida, tras su fracaso emocional y económico y padeciendo un cáncer de pulmón, tuvo que acudir a los Servicios públicos de salud de EE.UU. de Medicare, lo cual es ocultado por el común de sus seguidores-), fue asumida como inspiración de alas radicales de jóvenes de derechas en EE.UU. durante los años 50´s y 60´s. Las razones del por qué el discurso randiano en favor de supuestos criterios "racionales" e "individualistas", impacta en jóvenes lectores de clases sociales acomodadas, son diversas. Su obra, es escrita más bien a contracorriente del pensamiento económico dominante en EE.UU. a decir, el keynesianismo, en la época de inicios de la Guerra Fría. Se trata de momento histórico, en que el mundo se encuentra significativamente polarizado; por una parte los países socialistas, que promulgaban la distribución solidaria del plusproducto nacional social y aquellos otros, cuyas relaciones de producción, se basaban en la acumulación de riqueza en un reducido sector capital (capitalistas), a partir de plusvalores laborales, obtenidos por medio de la explotación de un amplio sector trabajo (obreros). La tensión capital-trabajo, en las relaciones de producción capitalista, aumenta, conforme aumenta la consciencia de clase entre los sectores obreros, es decir, entre el proletariado como clase potencialmente revolucionaria, que unen sus fuerzas para luchar por medio de gremios y sindicatos, y el poder hegemónico, político y económico de los grandes capitalistas burgueses.  

Las tensiones entre el sector trabajo y el sector capital,  se habían intensificado desde fines del siglo XIX, cuando el capitalismo industrial alcanza su fase monopolística y las condiciones de explotación laboral se vuelven inhumanas. Fue la época del caldo del cultivo del socialismo, el anarquismo y el comunismo marxista, que encenderán chispas revolucionarias, cuyo primer gran intento de toma de poder revolucionario, fue la conocida como Comuna de París de 1871 y cuyo fracaso, será pagado con ríos de sangre de obreros proletarios.  Más que amedrentar a la clase obrera, este suceso validó moralmente la necesidad imperiosa del  cambio de urgente de las condiciones del sistema económico, frente a la opresión capitalista. En el contexto de la Primera Guerra Mundial, es cuando el frenesí militar alcanzará un nivel de paroxismo, y se desnuda sin complejos, como condición sine qua non del capitalismo industrial expansivo de la época, pero también, es cuando las clases obreras, descubren paulatinamente, que más allá de los nacionalismos, son utilizadas como carne de cañón, por parte de las oligarquías, y cuya estrategia de dominación ha sido, es y sigue siendo, poner a pelear a los pobres contra los pobres. No obstante, esta guerra abre una primera oportunidad a las clases revolucionarias obreras y de manera inusitada en la Rusia Zarista. Así como durante la modernidad, se dieron las revoluciones burguesas (Inglaterra, Holanda, Francia), que cambiaron el mapa político europeo; el siglo XX europeo, será el terreno fértil, para la germinación de las primeras revoluciones proletarias, iniciadas con la Revolución Bolchevique o Revolución de Octubre de 1917, y que se convierte en fuente de inspiración del resto de revoluciones violentas similares en toda Europa, por medio de las cuales tomar el poder por la fuerza y derrotar los poderes hegemónicos burgueses dominantes. Todas las naciones de la época se enfrentan entonces al dilema planteado por Rosa Luxemburgo: ¿Reforma o Revolución?.  

Los conflictos nacionales internos se vuelven la regla, ante el surgimiento de movimientos obreros organizados, tanto en Europa y EE.UU., como en otras regiones del mundo, y parafraseando a Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, "el fantasma del comunismo, recorre las naciones del mundo" y horroriza las oligarquías plutocráticas hegemónicas, que reaccionan con una cruzada anti-comunista transnacionalizada. La guerra civil rusa, tras la revolución bolchevique, es un vivo ejemplo, de cómo los capitales transnacionales de las naciones industrializadas, buscarán derrotar una incipiente revolución obrero-comunista en otro país que no es el propio.   

No obstante, el Movimiento Obrero y Sindical sigue fortaleciéndose, y por ello, las oligarquías hegemónicas, enfrentarán los embates de las luchas sindicales a inicios del siglo XX, que llegará a convertirse incluso en un sindicalismo revolucionario violento. Así las cosas, estas clases hegemónicas, optaron por dos posibles vías para enfrentar en sus propias naciones tales movimientos. La primera fue asimilar las proclamas populares de los trabajadores y convertirlas en un mecanismo de dominación ideológicamente robusto, es decir, apoyar alguna de las diversas formas de fascismo nacionalistas, que permitan alienar a los obreros y ponerlos al servicio de las estructuras de dominación oligárquica, convertirlos en mano de obra barata, como en carne de cañon dócil para las guerras expansionistas, a la vez, poder perseguir y desmantelar cualquier tipo de sindicato o gremio socialista o comunista, incluso hasta su aniquilación física. Los casos conspicuos de este tipo de represión fascista fueron Alemania e Italia, en cuyos contextos surgirán dos de los más prominentes ideólogos del marxismo del siglo XX: Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci, quienes a su vez, convirtieron en mártires políticos de las clases obreras. La otra posible vía por parte de las clases hegemónicas para enfrentar el ascenso y las luchas de las clases proletarias, organizadas en gremios y sindicatos, fue el capitalismo revisionista, que se presenta como un tipo de socialismo moderado o social democracia, pero sin cambiar el núcleo de producción capitalista. Surgen así,  los estados de bienestar, que permitirán una serie de reivindicaciones sociales y laborales, y cuyo objetivo final hegemónico, fue reducir los conflictos sociales y las tensiones entre el sector capital y el sector trabajo, como alternativa preventiva a una revolución socialista radical. Este tipo de concesiones a los sectores obreros por parte de los sectores oligárquicos, no hubiese sido posible sin el contrapeso de los países socialistas, que eran un vivo ejemplo que la opción por una revolución violenta, que expropiara a las clases dominantes burguesas, era una posibilidad real. Ese profundo temor a una revolución obrera comunista de los sectores hegemónicos, obligó a atender los reclamos sindicales obreros, ante el riesgo de perder por completo cualquier tipo de poder político y económico. Este capitalismo revisionista con reivindicaciones sociales y laborales, permitió a su vez, el surgimiento de sectores o clases medias, que no sólo se convirtieron en un atenuante de la vía revolucionaria, sino que incrementaron el consumo masivo, convirtiéndose en un motor de la economía capitalista. 

Los acontecimientos históricos de la segunda mitad del siglo XX,  dejaron en evidencia, que los estados de bienestar social, dentro del modo de producción capitalista, son al final de cuentas, un tipo de anomalía del sistema, una forma de desequilibrio, pues el centro de gravedad del capitalismo es la maximización de las ganancias y la minimización de pérdidas,  sin importar si se trata de explotación laboral o especulación bursátil u otros medios para alcanzar tales fines. El maquiavelismo corporativo, es lo que sostiene el sistema, no es la excepción. Por ello, los sectores económicos hegemónicos, asumirán como un lastre a sus utilidades, cualquier tipo de reformismo propio del Estado de Bienestar. La consigna por el desmantelamiento de reformas sociales o cualquier tipo de Estado de Bienestar, son un tema recurrente por parte de los ideólogos de los sectores plutocráticos-empresariales, y dado, que de facto, nunca perdieron el poder de las estructuras de producción capitalista, colocarán a su gusto, representantes en los distintos poderes de los sistemas políticos en el contexto de estados de derecho burgués, para favorecer sus intereses y su consigna, de desmantelar los estados de bienestar y cualquier logro de las clases obreras, que no les permiten alcanzar su fin de maximizar sus utilidades, aunque esto sea a costa de la explotación, de la pauperización y la miseria del grueso de la población. Para llevar a cabo su consigna, el paso final es tanto desmantelar ideológicamente, como fácticamente, los gremios y sindicatos obreros, para lo cual se han creado múltiples y sofisticadas estrategias. Teniendo a su favor los aparatos ideológicos y coercitivos de los Estados burgueses, así como las corporaciones mediáticas para reproducir masiva y frenéticamente sus consignas, las clases obreras de diversa índole, son desarticuladas y descentradas en movimientos dispersos, y son convertidas en reproductoras de la ideología dominante, por ende se vuelven reaccionarias y agresivas contra sus similares desarticuladas en movimientos fragmentarios, pues se ha difuminado su conciencia de clase, es decir, al vaciar su dimensión subjetiva de las consignas por reivindicaciones obreras, deja de ser subjetiva y activamente (-aunque no de facto-), la clase social, capaz de llevar a cabo una revolución socialista, y por ende, queda sometida a una explotación laboral in crescendo y sin esperanza alguna de atreverse a cambiar su situación, pues en caso contrario, el masivo y cada vez mayor ejército industrial de reserva; amenaza con el desempleo y la miseria. El desempleo, se convierte así, en la herramienta más poderosa de dominación sobre la clase obrera.      

Cuando por fin en la última parte del siglo XX, el contrapeso socialista se desvanece, los sectores hegemónicos de las grandes plutocracias del sector capital, ya no les interesará mantener tales reivindicaciones sociales y laborales y así en EE.UU. los logros del "New Deal", se desplomarán gradualmente, quedando tan solo algunos de sus vestigios.  Pero para imponer un modelo económico, se requiere no sólo una forma de administrar unas relaciones de producción basadas en la explotación laboral y la acumulación conspicua de capitales, sino también se requiere un contexto de justificación ideológica, como alternativa a las propuestas del marxismo, el socialismo y el comunismo.  La guerra entonces, no sólo será económica y militar, sino que requiere también, tener armas y trincheras ideológicas, robustas y convincentes. Y unas de esas herramientas ideológicas de las oligarquías plutocráticas, fueron las tesis éticas de Rand, las cuales representan un esquema conceptual que justifica un status quo basado en la desigualdad social, y las cuales son una oda a la acumulación de riqueza, a la defensa superlativa de los intereses individuales egoístas (utilitarismo egoísta), por encima de los intereses sociales o estatales. 
El "leitmotiv" randiano, es la justificación a ultranza de una ética racional capitalista, del egoísmo y de la riqueza sin límites, que divide el mundo en ricos exitosos y en pobres miserables perdedores.  Se trata pues de una dicotomía entre sujetos egoístas, racionales y capitalistas, frente a los irracionalistas, colectivistas y comunistas, y este era el marco teórico ideal, para justificar un sistema económico asimétrico, basado en la desigualdad social. La obra de Rand, era así, un canto apoteósico a las clases dominantes de la gran plutocracia en EE.UU. y ese era su objetivo, defender con la pluma, a los sectores adinerados, con la esperanza de obtener réditos a mediano y largo plazo de estos sectores. Este tipo de estrategia se hizo bastante común en la sociedad estadounidense del consumo conspicuo como la denominó Thorstein Veblen, en especial entre diversos tipos de inmigrantes, desde yoguis, gurús orientales y todo tipo de líderes religiosos, hasta una pléyade de escritores de literatura ligera y política acomodaticia, como fue el caso de Rand. Este tipo de líderes o autores, eran asumidos con frenesí por amplios sectores la cultura del consumo y la moda estadounidenses, apelando a vacíos que dejaba un deficiente sistema educativo, y lo cual abría las puertas para el consumo masivo todo tipo de embustes. Y ese fue el gran negocio de embustes ideológicos vendidos como mercancías para el consumo de masas, por parte de estos gurús orientales o escritores ligeros acomodaticios, y lo sigue siendo aun hoy en día, ya no sólo con venerables místicos orientales, sino con místicos New Age modernizados y tecnologizados,  que lucran de la ignorancia, la ingenuidad, los vacíos intelectuales y emocionales  de las masas estadounidenses, que son muchos. La versión capitalista-empresarial actual de tales gurús orientales de otras épocas, es el coaching empresarial”, mucho más cerca del adoctrinamiento religioso, que de tecnologías y ciencias de la administración o de psicología individual y social científicamente validada (Ver: Cuidado con el coaching, Positive psychology is mainly for rich white people)Dependiendo del tipo de "gurús-coaching", en no pocas ocasiones se apela tácita o explícitamente a las tesis randianas, sin cuestionarlas en absoluto, creado así una variante denominada como "coaching político", o "coaching de liderazgo político", sesgado por su carácter pseudo-científico y de obvias estrategias de adoctrinamiento ideológico o de lavado de cerebros(Ver: El negocio de coaching ontológico). 

Rand fue el maná caído del cielo a la gran plutocracia de EE.UU. y conforme el estado de bienestar era desmantelado y se imponía la Reaganomics en los años 80´s, se convirtió en ideario de los Yuppie, jóvenes profesionales urbanos, que grosso modo en realidad son una clase media emergente, producto del estado de bienestar social de las décadas anteriores, y quienes asumieron puestos claves tanto en la administración privada como pública (-incluso llegarán a la Presidencia de EE.UU.-), asumiendo por defecto una visión de mundo, basada en la idea de un capitalismo exitoso, consumista y libre de todo límite, cuyo estandarte se volvió la consigna que:  el gobierno es el problema, no la solución;  tornándose en hegemónica por medio de la alianza Thatcher-Reagan, una especie de locura colectiva, que demarcó la política y la economía mundial de fines del siglo XX. Se volvieron dominantes las tesis económicas del monetarismo, con sus gurús económicos surgidos dentro de la cultura Yuppie, que asumieron el papel de médicos salvadores de las economías nacionales por medio de las doctrinas de Shock, y que se transnacionalizaron por medio de organismos financieros como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Estas políticas económicas transnacionalizadas, y encarnadas en organizaciones como el GATT, la OMC o los denominados como Tratados de Libre Comercio, como NAFTA, CAFTA, TPP, TTIP, TISA han sido y son plataformas institucionales  para un ascenso vertiginoso y desenfrenado en todo el mundo, de mega-corporaciones transnacionalizadas, cuyos poderes económicos colusionados, les ha permitido asumir fácticamente el poder político de las naciones propias y ajenas, cuyas casas presidenciales se volvieron sus oficinas de relaciones públicas, incluso la Casa Blanca de EE.UU., pues el apoyo financiero de tales corporaciones, decide si alguien llega o no llega a ser Presidente, Senador o Representante legislativo de esa nación (Ver: Shadow Money’s Top 10 CandidatesMedios ricos, democracia pobre). En el plano de las ideologías, este tipo de transnacionalización corporativa se idealizó bajo el nombre de Globalización, que es la cara maquillada de los alcances de una rapacidad capitalista sin fronteras en su máxima expresión.  

La desregulación gubernamental de las corporaciones y bancos por la que abogaba Rand, se volvió una realidad desde finales de los 80´s y durante los 90´s alcanzado su climax en EE.UU. en el año 1999, cuando presidente Bill Clinton firmó la derogatoria de la Ley Glass-Steagall de 1933. Esta ley tenía como objetivo poner una muralla entre las actividades y operaciones que podían realizar los bancos normales, diferenciándolas claramente de aquellas que podían realizar los llamados bancos de inversión. La voracidad financiera y bursátil tuvo luz verde para realizar sus latrocinios de manera impune(Ver: Desregulación financiera e inicio de la crisis sistémica).  El capitalismo especulativo se convirtió en el corazón de todo el sistema capitalista, y fue avalado por la clase política de EE.UU. sin importar si eran gobiernos republicanos o demócratas en EE.UU., el discurso político y económico se convirtió en discurso o pensamiento único; salvando aquellas excepciones, que advertían sobre las potenciales consecuencias de la desregulación de los mercados financieros y bursátiles(Ver: Brooksley Born, the Cassandra of the Derivatives Crisis)

La alienación Yuppie, alcanzó su éxtasis con la caída del Muro de Berlín y el alevoso desmantelamiento político de la U.R.S.S., pero pronto tuvo que enfrentarse a sus propios demonios, que amenazaban con desplomar todo el sistema económico capitalista especulativo financiero desregulado. El primer aviso fue el caso del Lunes Negro de 1987  cuando los mercados de valores se desplomaron en todo el mundo, y a la consecutiva recesión de principios de los 90. Pero esto fue sólo el inicio, de una secuencia de estallidos de burbujas cada vez más agresivas y destructivas. que se han convertido en la regla con ciclos cada vez más cortos, más que excepciones de largo plazo. El primer gran colapso fue el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria de la potencia industrial de Japón, cayendo en una recesión crónica, pues más de 20 años después, no ha podido salir de sus permanentes recesiones y no se avizora una pronta salida, todo lo contrario, su deuda interna en permanente aumento producto de la expansión monetaria de la Abenomics supera el 250% de su P.I.B., y es un obvio augurio que tarde o temprano, toda la economía nipona se volverá insostenible, lo cual es un espejo no distante de toda la economía global. La economía de Japón es como una casa antigua hermosa por fuera, que en apariencia no muestra deterioros, pero carcomida por comején por dentro en todos sus intersticios internos y escondidos, por lo que, cuando se desplome, será totalmente, sin posibilidades de hacerle reparaciones. (Ver: Forget Greece, Japan is the world´s real economic time bomb)

Deuda pública japonesa, la verdadera bomba de tiempo económica
En 2015 supera el 250% del P.I.B. y en aumento

La cultura económica: "Yuppie", obnubilada con el consumo y la competitividad conspicuas, están en la base de la secuencia de colapsos financieros de finales del siglo XX(-no confundir con sus primos no competitivos, los Hipsters, aunque no menos consumistas conspicuos-). Por ello, este tipo de cultura económica, exaltó frenéticamente durante los 90´s como símbolo del éxito económico capitalista a su vez, y dignos de ser imitados por el resto del mundo, a los tigres asiáticos: Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwan.  No obstante, tal espejismo, pronto se difuminó con el estallido de la burbuja asiática de fines de los 90´s, cuyo disparador fue un devaluación de monedas en dominó (-análogo a lo que sucede en 2015-), que afectó a todo el sureste asiático, incluyendo también a los países emuladores del putativo éxito de los tigres asiáticos (-o también llamados: "tigres de tercera generación", considerando a Japón, como el primero de ellos-), como Malasia, Filipinas e Indonesia. Pronto la crisis regional se transnacionalizó y se convirtió en la "primer gran crisis económica de la globalización".  La crisis asiática, disparada en Tailandia a partir del segundo semestre de 1997 y que por la vía de los lazos vinculantes creados por medio de la: "globalización", se contagió a los demás países de la región, y luego al resto del mundo. ¿Qué sucedió con estos modelos de producción al parecer exitosos desde fines de los años 70´s e inicios de los 90´s)?. La crisis, cuya burbuja y estallido fue altamente beneficioso para transnacionales estadounidenses y europeas, que se apoderaron a precios risibles de las grandes empresas privadas locales y de muchos de los activos y recursos públicos de estas naciones, se produjo precisamente cuando los gobiernos asiáticos, influidos por un modelo desregulacionista transatlántico, este fue trasplantado al sur este asiático en los años 90´s y abandonaron su proteccionismo comercial, redujeron las tarifas arancelarias, liberalizaron los mercados financieros, disminuyeron el gasto público y desmontaron el control estatal sobre la economía, especialmente sobre el sector financiero y bancario que antes había sido tan riguroso. O sea que la crisis se presentó cuando los tigres asiáticos abandonaron su modelo económico basado en la planificación y dirección estatal, que les había dado un crecimiento tan notable. Como primer gran crisis de la globalización, dejó en evidencia, los alcances del pensamiento económico único heredero de la reaganomics y el thatcherismo, y se mostró como una efectiva arma de destrucción económica masiva, pues arrastró a decenas de millones al desempleo, la pobreza, la miseria y el hambre en el sureste asiático, cuyo impacto aun está presente, de manera análoga a otras regiones del mundo, en donde se ha aplicado este modelo económico. Al momento, no se han datado las dimensiones totales de dicha crisis, pero fue la primera campanada que mostraba, como este modelo económico, se encuentra sometido a volatilidades caóticas de los mercados financieros especulativos, inflando y haciendo estallar burbujas, cuyas consecuencias terminan siendo desastrosas e irreparables a los sectores productivos de la economía real.  Tras el estallido de la burbuja asiática, se impuso a los otrora "tigres asiáticos", una destructiva doctrina de shock económica y política, aplicada por el F.M.I. con sus exigencias para ser rescatados, los efectos de tal crisis, aun están presentes, pues, a pesar del glamour aparente, ni siquiera el país exaltado como paradigma de libertades económicas,  como lo es: Singapur, ha podido sobreponerse a la misma, y tras las crisis punto-com y subprime del 2008, dado su dependencia directa de las especulaciones subterráneas de Wall Street, va en camino a desplomarse por completo, al menor atisbo de una nueva recesión global, lo cual generaría un efecto dominó, en el desplome final de estos tigres de papel o lo que queda de ellos (Ver: Why Singapore's Economy Is Heading For An Iceland-Style Meltdown)

Hacia finales de los 90´s, la ilusión Yuppie, con su fe inconmovible en paraísos capitalistas utópicos de éxito y consumo sin fin, se trasladó pronto entonces a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, y a las milagrosas empresas virtuales en Internet, que de pronto y de la nada, se cotizaban en miles de millones de dólares. Pero esta quimera, pronto tropezó con la realidad y estalló la burbuja punto-com, cuya ola expansiva desestabilizó muchos sectores de economía real, llevando a una situación crítica y a otra gran recesión; y cuando las quimeras económicas fallan, la industria militar se encuentra siempre lista a salvar al capitalismo, lubricando con sangre su atrofiada maquinaria productiva. Este contexto, fue entonces, la antesala de la Guerra de Irak o Three Trillon Dollar War como la denominó Joseph Stiglitz (-último caso y fallido de keynesinismo militar que sostuvo económicamente a las principales potencias participantes del Complejo-Industrial-Militar por décadas-). 

El estallido de  la burbuja punto-com, fue la razón (o excusa que necesitaban los grandes especuladores de los sectores financieros y bursátiles) de una significativa bajada de las tasas de interés y políticas de expansión monetaria por parte de la Reserva Federal de EE.UU. y promulgada por su Presidente, el amigo y fiel discípulo de Rand: Alan Greespan (Ver: La influencia de Ayn Rand sobre Alan Greenspan). 
Tales políticas monetarias, de inyección a rauduales de capitales inorgánicos, de bajas tasas de interés y de una marcada desregulación de los mercados financieros y bursátiles, llevó a inflar una gigantesca burbuja bursátil, y que terminará por estallar en el 2008, en la conocida crisis subprime.  No obstante, una putativa norma básica del capitalismo, es que las empresas que fracasan, quiebran y desparecen, dejando espacio para tan solo las exitosas. Pero los Yuppies entronados en el poder político, al descubrir que si seguían las crudas reglas de un capitalismo competitivo, su quimera económica iniciada en los 80´s se desplomaría por completo e incluso, todo el sistema capitalista, tal y como había sido predicho por muchos teóricos desde el siglo XIX como Karl H. Marx y Rosa Luxemburgo, implosionaría y desaparecería; entonces, decidieron suspender el sistema económico y sostenerlo artificiosamente por medio del poder del dólar, creando rescates financieros trillonarios con dinero ficticio o inorgánico, conocidos como "Bail Out".  Pero tal ceguera producto de su desesperación y rapaces intereses creados de estos sectores financieros incorporados en puestos públicos (puerta giratoria), ha creado una nueva burbuja aun más gigante de flexibilización o expansión cuantitativa, y basada en un descomunal esquema Ponzi invertido, a decir una pirámide invertida, sostenida por una pequeña punta de economía real (basada en el sector trabajo real) y que es triturada por el resto de la gran mole piramidal y cuyos estratos superiores y cada vez más amplios, son los sectores financieros y bursátiles de la economía especulativa ficticia. Toda la economía mundial  se ha vuelto una pirámide invertida, cuya pequeña punta de la economía real, está por desaparecer tarde o temprano, pues el esquema Ponzi de capitales especulativos emitidos inorgánicamente, han hecho innecesario el trabajo como fuente de riqueza y han vuelto innecesaria incluso la recaudación de impuestos, pues cuando los gobiernos necesitan liquidez, tan sólo emiten dinero inorgánico y corren a raudales las corrientes de dinero líquido por los sectores financieros y bursátiles. Eso es lo que desde el estallido de la crisis subprime en el 2008, han hecho los gobiernos de Japón, y EE.UU. y Gran Bretaña, y más recientemente, la Zona Euro ha optado también por crear su propio esquema Ponzi invertido. Para el 2015, tras siete años de tasas de interés de 0% o casi 0%, se hace imposible revertir este tipo de políticas monetarias, sin que todo el esquema se derrumbe. Es decir, la desregulación randiana, en el contexto de los mercados bursátiles y financieros, de libre flujo de capitales y activos, ha llevado a la economía real ha desaparecer, pues esta es menos rentable a corto plazo, que la especulativa basada en capitales dinerarios inorgánicos, incluso en corporaciones que se suponen son estandartes de la economía real, como el caso de Apple, que gasta miles de millones de dólares, no en innovación o producción tecnológica, sino en recomprar sus propias acciones, pues las políticas monetarias de flexibilización cuantitativa, así lo promueven. Por ende toda la economía del sistema capitalista ha quedado reducida a una ficción especulativa en el Planeta Ponzi.

Así pues, si eres rico, encuentras en Ayn Rand, los "mantra" que te permiten inmunizar tu consciencia, frente a la exclusión social, la miseria y la pauperización humana. O si no eres rico, pero sueñas con que  quisieras ser rico alguna vez, aunque no sepas cuándo, ni cómo, recibes las promesas de Rand, que por tus propios méritos y siguiendo sus recetas del "egoísmo racional", alcanzarás el paraíso perdido del capitalismo, la Nueva Jerusalén de riqueza abundante. Una utopía, que luego de algún tiempo, excepto para los que ya tenían mucha riqueza, la gran mayoría, por más esfuerzos denodados que hagan toda su vida, difícilmente podrían verla hecha realidad, porque un recrudecido sistema capitalista del siglo XXI y sus mecanismos perversos para la acumulación de riqueza, es un ensamblaje elitista, está orientado a perpetuar y resguardar el poder hegemónico de las clases dominantes, cada vez más reducidas y excluyentes, y se encuentra amurallado para evitar la inclusión significativa de más sujetos dentro de ellas, pues en caso contrario, no habría mano de obra de la cual succionar la riqueza, por medio de la explotación obrera, en todos sus estratos laborales. Todo el sistema, se orienta tan sólo a la acumulación de riqueza en pequeños sectores, por lo que la maquinaria capitalista reduce el crecimiento económico (g) al aumento de las las tasas de rentabilidad o de retorno(r), lo que hace obvio, que el objetivo único de todo el sistema capitalista, es la acumulación de riqueza concentrada en cada vez más pequeños sectores, como lo ha explicado Thomas Piketty, en su libro El Capital en el siglo XXI, aunque sin los colmillos críticos de Karl H. Marx, en su obra El Capital, explicando este fenómeno con mucho más perspicacia cuando dio cuenta de la tasa de ganancia en función de los plusvalores obtenidos, a partir del capital invertido en los ciclos productivos.  

Aun cuando Rand se convirtió en el emblema de grupos "libertarios", eso se trató de un amor no correspondido, pues ella los denominó como: "hippies de derechas", y llegó a afirmar que era mejor hacerse marxista que hacerse "libertario". Las razones de este amor no correspondido es una evidencia de lo ilusos que resultan estos autodenominados como "libertarios", quienes se ven a sí mismos como los partidarios coherentes de la máxima libertad y de la mínima interferencia estatal en todas las actividades humanas. Su concepto de libertad, se asocia al de propiedad privada individual, y este individualismo se asocia al de "democracia" (gobierno del pueblo). Así cualquier intento de expropiación de los bienes individuales, especialmente de los grandes empresarios y corporaciones, es un ataque directo, a su concepto de libertad y democracia. Lo cual revela una contradicción básica nunca resuelta. Primero, el concepto de propiedad privada, es una restricción al concepto de libertad, y para su existencia, tiene que existir de previo un estado o constructo jurídico colectivista, bajo principios del derecho burgués moderno, es decir, un contrato social, que defina, garantice y proteja coercitivamente tales tipos de propiedad privada, lo cual es una evidente restricción a las libertades individuales del resto de sujetos, que aunque carezcan de cualquier tipo de propiedad privada, tendrán que someterse a los designios "colectivistas" del tal contrato social y respetar entonces la propiedad privada de los otros, en el contexto de un estado de derecho burgués. Y segundo, el individualismo, es contradictorio con un sistema político democrático, pues la democracia es el gobierno del pueblo, es decir, un colectivismo más en sentido randiano, en el cual cada sujeto, se somete a las decisiones de la mayoría de ese pueblo, lo cual es otra restricción a las libertades individuales. Por ello, para que sea factible una democracia, no sólo en el sentido griego clásico, tanto en su práctica como en sus teóricos, como: Platón y Aristóteles, sino en el moderno, de los teóricos de la misma, como John Locke, Thomas Jefferson, Montesquieu o Jean Jaques Rousseau, entre otros, el individualismo en sentido randiano, es imposible, incompatible con cualquier tipo de democracia. Son obvias contradicciones, que los libetarios randianos, por muy racionales que pretendan ser, nunca han resuelto, pues para cumplir su ideal libertario, tendrían que renunciar o a la propiedad privada o a un estado democrático, o a ambas, dado que cualquiera de las dos, son obvias restricciones fundamentales a las libertades individuales de los ciudadanos de cualquier nación.  




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