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27/4/17

"Antonio Gramsci, Los días de la cárcel" (1977) (Película completa)

"La crisi consiste appunto nel fatto che il vecchio muore e il nuovo non può nascere: in questo interregno si verificano i fenomeni morbosi piú svariati."
 Antonio Gramsci. 
Quaderni del carcere, « Ondata di materialismo» e « crisi di autorità », volume I, quaderno 3, p. 311, circa 1930 
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"La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer; este interreino se manifiesta en una gran variedad de síntomas mórbidos." 
Antonio Gramsci. 
Cuadernos de la cárcel, "Ola de Materialismo" y "Crisis de Autoridad"




Antonio Gramsci: i giorni del carcere 
("Antonio Gramsci, Los días de la cárcel" )
(Película completa, inserción en Flash)


"Antonio Gramsci, Los días de la cárcel" (Antonio Gramsci, i giorni di carcere)(1977) "Gramsci, los años de cárcel" es un riguroso drama biográfico que realiza un recorrido por el complejo devenir personal e ideológico de este líder y teórico político italiano. 


El filme se detiene concretamente en los años que Gramsci estuvo recluido en prisión a causa de su praxis política y en la intensa actividad teórica que desarrolló hasta su muerte en abril de 1937. 



Guión: Pier Giovanni Anchisi, Lino Del Fra Reparto: Riccardo Cucciolla, Paolo Bonacelli, Franco Graziosi, Lea Massari, Mimsy Farmer, Jacques Herlin, Biagio Pelligra, Luigi Pistilli. 




Antonio Gramsci (Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891 - Roma, 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Escribió sobre teoría política, sociología, antropología y lingüística. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, encarcelado bajo el régimen fascista de Benito Mussolini.

14/8/15

José Carlos Mariátegui: ¿Existe un pensamiento hispanoamericano? (+vídeo, +PDFs)


José Carlos Mariátegui (Filosofía aquí y ahora, IV, 9, J. P. Feinmann)

Jose Pablo Feinman: José Carlos Mariátegui: regionalismo y centralismo. Mariátegui, el pensador latinoamericano más importante que tuvo el marxismo, no adhería a las visiones de América Latina unida. Sostenía que cada país tenía que hacer su propio camino y trató de fomentar la experiencia socialista en el Perú.


¿Existe un pensamiento hispanoaméricano?
José Carlos Mariátegui

Hace algunos meses, en un artículo sobre la idea de un congreso de intelectuales iberoamericanos, formulé esta interrogación. La idea del congreso ha hecho, en estos meses, mucho más camino. Aparece ahora como una idea que, vaga pero simultáneamente, latía en varios núcleos intelectuales de la América Indoibera, como una idea que germinaba al mismo tiempo en diversos centros nerviosos del continente. Esquemática y embrionaria todavía, empieza hoy a adquirir desarrollo y corporeidad.

En Argentina, un grupo enérgico y volitivo se propone asumir la función de animarla y realizarla. La labor de este grupo tiende a eslabonarse con la de los demás grupos iberoamericanos afines. Circulan entre estos grupos algunos cuestionarios que plantean o insinúan los temas que debe discutir el congreso. El grupo argentino ha bosquejado el programa de una “unión latinoamericana”. Existen, en suma, los elementos preparatorios de un debate, en el discurso del cual se elaborarán y se precisarán los fines y las bases de este movimiento de coordinación o de organización del pensamiento hispanoamericano como, un poco abstractamente aún, suelen definirlo sus iniciadores.

II

Me parece, por ende, que es tiempo de considerar y esclarecer la cuestión planteada en mi mencionado artículo. ¿Existe ya un pensamiento característicamente hispanoamericano? Creo que, a este respecto, las afirmaciones de los autores de su organización van demasiado lejos. Ciertos conceptos de un mensaje de Alfredo Palacios a la juventud universitaria de Iberoamérica han inducido, a algunos temperamentos excesivos y tropicales, a una estimación exorbitante del valor y de la potencia del pensamiento hispanoamericano. El mensaje de Palacios, entusiasta y optimista en sus aserciones y en sus frases, como convenía a su carácter de arenga o de proclama, ha engendrado una serie de exageración. Es indispensable, por ende, una rectificación de esos conceptos demasiado categóricos.

Nuestra América –escribe Palacios- hasta hoy ha vivido de Europa, teniéndola por guía. Su cultura la ha nutrido y orientado. Pero la última guerra ha hecho evidente lo que ya se adivinaba: que en el corazón de esa cultura iban los gérmenes de su propia disolución.

No es posible sorprenderse de que estas frases hayan estimulado una interpretación equivocada de la tesis sobre la decadencia de Occidente. Palacios parece anunciar una radical independización de nuestra América de la cultura europea. El tiempo del verbo se presta al equívoco. El juicio del lector simplista deduce de la frase de Palacios que “hasta ahora la cultura europea ha nutrido y orientado” a América; pero desde hoy no la nutre ni orienta más. Resuelve, al menos, que desde hoy Europa ha perdido el derecho a la capacidad de influir espiritual e intelectualmente en nuestra joven América. Y este juicio se acentúa y se exacerba, inevitablemente, cuando, algunas líneas después, Palacios agrega que “no nos sirven los caminos de Europa ni las viejas culturas” y quiere que nos emancipemos del pasado y del ejemplo europeo.

Nuestra América, según Palacios, se siente en la inminencia de dar a luz una cultura nueva. Extremando esta opinión o este augurio, la revista Valoraciones habla de que “liquidemos cuentas con los tópicos al uso, expresiones agónicas del alma decrépita de Europa”.

¿Debemos ver en este optimismo un signo y un dato del espíritu afirmativo y de la voluntad creadora de la nueva generación hispanoamericana? Yo creo reconocer, ante todo, un rasgo de la vieja e incurable exaltación verbal de nuestra América. La fe de América en su porvenir no necesita alimentarse de una artificiosa y retórica exageración de su presente. Esta bien que América se crea predestinada a ser el hogar de la futura civilización. Está bien que diga: “Por mi raza hablará el espíritu”. Está bien que se considere elegida para enseñar al mundo una verdad nueva. Pero no que se suponga en vísperas de reemplazar a Europa ni que declare ya fenecida y tramontada la hegemonía intelectual de la gente europea.

La civilización occidental se encuentra en crisis; pero ningún indicio existe aún de que resulte próxima a caer en definitivo colapso. Europa no está, como absurdamente se dice, agotada y paralítica. A pesar de la guerra y la posguerra, conserva su poder de creación. Nuestra América continúa importando de Europa ideas, libros, máquinas, modas. Lo que acaba, lo que declina, es el ciclo de la civilización capitalista. La nueva forma social, el nuevo  orden político, se están plasmando en el seno de Europa. La teoría de la decadencia de Occidente, producto del laboratorio occidental, no prevé  la muerte de Europa sino de la cultura que ahí tiene sede. Esta cultura europea, que Spengler juzga en decadencia, sin pronosticarle por esto un deceso inmediato, sucedió a la cultura grecorromana, europea también. Nadie descarta, nadie excluye la posibilidad de que Europa renueve y se transforme una vez más. En el panorama histórico que nuestra mirada domina, Europa se presenta como el continente de las máximas palingenesias. Los mayores artistas, los mayores pensadores contemporáneos, ¿no son todavía europeos? Europa se nutre de la savia universal. El pensamiento europeo se sumerge en los más lejanos misterios, en las más viejas civilizaciones. Pero esto mismo demuestra su posibilidad de convalecer y renacer.

III

Tornemos a nuestra cuestión. ¿Existe un pensamiento característicamente hispanoamericano? Me parece evidente la existencia de un pensamiento francés, de un pensamiento alemán, etcétera, en la cultura de occidente. No me parece igualmente evidente, en el mismo sentido, la existencia de un pensamiento hispanoamericano. Todos los pensadores de nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza. La producción intelectual del continente carece de rasgos propios. No tiene contornos originales. El pensamiento hispanoamericano no es generalmente sino una rapsodia compuesta con motivos y elementos del pensamiento europeo. Para comprobarlo basta revisar la obra de los más altos representantes de la inteligencia indoibera. 

El espíritu hispanoamericano está en elaboración. El continente, la raza, están en formación también. Los aluviones occidentales en los cuales se desarrollan los embriones de la cultura hispano o latinoamericana (en Argentina, en Uruguay, se puede hablar de latinidad), no han conseguido consustanciarse ni solidarizarse con el suelo sobre el cual la colonización de América los ha depositado.

En gran parte de nuestra América constituyen un estrato superficial e independiente al cual no aflora el alma indígena, deprimida y huraña, a causa de la brutalidad de un conquista que en algunos pueblos hispanoamericanos no ha cambiado hasta ahora de métodos. Palacios dice:

Somos pueblos nacientes, libres de ligaduras y atavismos, con inmensas posibilidades y vastos horizontes ante nosotros. El cruzamiento de razas no ha dado un alma nueva. Dentro de nuestras fronteras acampa la humanidad. Nosotros y nuestros hijos somos síntesis de razas.

En Argentina es posible pensar así; en Perú y otros pueblos de Hispanoamérica, no. Aquí la síntesis no existe todavía. Los elementos de la nacionalidad en elaboración no han podido aún fundirse o soldarse. La densa capa indígena se mantiene casi totalmente extraña al proceso de formación de esa peruanidad que suelen exaltar e inflar nuestros sediciosos nacionalistas, predicadores de un nacionalismo sin raíces en el suelo peruano, aprendido en los evangelios imperialistas de Europa, y que, como ya he tenido oportunidad de remarcar, es el sentimiento más  extranjero y postizo que en Perú existe.

IV

El debate que comienza debe precisamente esclarecer todas estas cuestiones. No debe preferir la cómoda ficción de declararlas resueltas. La idea de un congreso de intelectuales iberoamericanos será válida y eficaz, ante todo, en la medida en que logre plantearlas. El valor de la idea está casi íntegramente en el debate que suscita.

El programa de la sección argentina de la bosquejada unión latinoamericana, el cuestionario de la revista Repertorio Americano de Costa Rica y el cuestionario del grupo que aquí trabaja por el congreso, invitan a los intelectuales de nuestra América a meditar y opinar sobre muchos problemas fundamentales de este continente en formación. El programa de la sección argentina tiene el tono de una declaración de principios. Resulta prematuro, indudablemente. Por el momento, no se trata sino de trazar un plan de trabajo, un plan de discusión. Pero en los trabajos de la sección argentina alienta un espíritu moderno y una voluntad renovadora. Este espíritu, esta voluntad, le confieren el derecho de dirigir el movimiento. Porque el congreso, si no representa y organiza la nueva generación hispanoamericana, no representará ni organizará absolutamente nada.

EL IBEROAMERICANISMO Y PANAMERICANISMO

El iberoamericanismo reaparece, en forma esporádica, en los debates de España y de la América española. Es un ideal o un tema que, de vez en vez, ocupa el diálogo de los intelectuales del idioma (me parece que no se puede llamarlos, en verdad, los intelectuales de raza).

Pero ahora, la discusión tiene más extensión y más intensidad. En la prensa de Madrid, los tópicos del iberoamericanismo adquieren, actualmente, un interés conspicuo. El movimiento de aproximación o de coordinación de las fuerzas intelectuales iberoamericanas, gestionado y propugnado por algunos núcleos de escritores de nuestra América, otorga en estos días, a esos tópicos, un valor concreto y relieve nuevo.

Esta vez la discusión repudia en muchos casos, ignora al menos en otros, el iberoamericanismo de protocolo (iberoamericanismo oficial de don Alfonso, que se encarna en la borbónica y decorativa estupidez de un infante, en la cortesana mediocridad de un Francos Rodríguez). El iberoamericanismo se desnuda, en el diálogo de los intelectuales libres de todo ornamento diplomático. Nos revela así su realidad como ideal de la mayoría de los representantes de la inteligencia y de la cultura de España y de la América indoibera.

El panamericanismo, en tanto, no goza del favor de los intelectuales. No cuenta, en esta abstracta e inorgánica categoría, con adhesiones estimables y sensibles. Cuenta sólo con algunas simpatías larvadas. Su existencia es exclusivamente diplomática. La más lerda perspicacia descubre fácilmente en el panamericanismo una túnica del imperialismo norteamericano. El panamericanismo no se manifiesta como un ideal del continente; se manifiesta, más bien, inequívocamente, como un ideal natural del imperio yanqui (antes de una de una gran democracia, como les gusta calificarlos a sus apologistas de estas latitudes, Estados Unidos constituye un gran imperio). Pero, el panamericanismo ejerce –a pesar de todo esto, o mejor, precisamente por todo esto- una influencia vigorosa en la América indoibera. La política norteamericana no se preocupa demasiado de hacer pasar como un ideal del continente el ideal del imperio. No le hace tampoco mucha falta el consenso de los intelectuales. El panamericanismo borda su propaganda sobre una sólida malla de intereses. El capital yanqui invade la América indoibera. Las vías de tráfico comercial panamericano son las vías de esta expansión. La moneda, la técnica, las máquinas y las mercaderías norteamericanas predominan más cada día en la economía de las naciones del centro y sur. Puede muy bien, pues, el imperio del norte sonreirse de una teórica independencia de la inteligencia y del espíritu de la América indoespañola. Los intereses económicos y políticos le asegurarían, poco a poco, la adhesión, o al menos la sumisión, de la mayor parte de los intelectuales. Entre tanto, le bastan para las paradas del panamericanismo los profesores y los funcionarios que consigue movilizarle la unión panamericana de Mr. Rowe.

II

Nada resulta más inútil, por tanto, que entretenerse en platónicas confrontaciones entre el ideal iberoamericano y el ideal panamericano. De poco le sirve al iberoamericanismo el número y la calidad de las adhesiones intelectuales. De menos todavía le sirve la elocuencia de sus literatos. Mientras el iberoamericanismo se apoya en los sentimientos y las tradiciones, el panamericanismo se apoya en los intereses y los negocios. La burguesía iberoamericana tiene mucho más que aprender en la escuela del nuevo imperio yanqui que en la escuela de la vieja nación española.  El modelo yanqui, el estilo yanqui,  se propagan en la América indoibérica, en tanto que la herencia española se consume y se pierde. El hacendado, el banquero, el rentista de la América española miran mucho más atentamente a Nueva York que a Madrid. El curso del dólar les interesa mil veces más que el pensamiento de Unamuno y que La Revista de Occidente de Ortega y Gasset. A esta gente que gobierna la economía y, por ende, la política de la América del centro y del sur, el ideal iberoamericanista le importa poquísimo. En el mejor de los casos se siente dispuesta a desposarlo juntamente con el ideal panamericanista. Los agentes viajeros del panamericanismo le parecen, por otra parte, más eficaces, aunque menos pintorescos, que los agentes viajeros –infantes académicos- del ibero-americanismo oficial, que es el único que un burgués prudente puede tomar en serio.

III

La nueva generación hispanoamericana debe definir neta y exactamente el sentido de su oposición a Estados Unidos. Debe declararse adversaria del imperio de Dawes y de Morgan; no del pueblo ni del hombre norteamericanos. La historia de la cultura norteamericana nos ofrece muchos nobles casos de independencia de la inteligencia y del espíritu. Roosevelt es el depositario del espíritu del imperio; pero Thoreau es el depositario del espíritu de la humanidad. Henri Thoreau, que en esta época, recibe el homenaje de los revolucionarios de Europa, tiene derecho a la devoción de los revolucionarios de nuestra América. ¿Es culpa de Estados Unidos si los iberoamericanos conocemos más el pensamiento de Theodore Rooselvet que el de Henry Thoreau? Estados Unidos es ciertamente la patria  de Pierpont Morgan y de Henri Ford; pero son también la patria de Ralph-Waldo Emerson, de Williams James y de Walt Withman. La nación que ha producido los más grandes capitanes del industrialismo, ha producido asimismo los más fuertes maestros del idealismo continental. Y hoy la misma inquietud que agita a la vanguardia de la América española mueve a la vanguardia de la América del Norte. Los problemas de la nueva generación hispanoamericana son, con variación de lugar y de matiz, los mismos problemas de la nueva generación norteamericana. Waldo Frank, uno de los hombres nuevos del norte, en sus estudios sobre nuestra América, dice cosas válidas para la gente de su América y de la nuestra.

Los hombres nuevos de la América indoibérica pueden y deben entenderse con los hombres nuevos de la América de Waldo Frank. El trabajo de la nueva generación iberoamericana puede y debe articularse y solidarizarse con el trabajo de la nueva generación yanqui. Ambas generaciones coinciden. Los diferencia el idioma y la raza; pero los comunica y los mancomuna la misma emoción histórica. La América de Waldo Frank es también, como nuestra América, adversaria del imperio de Pierpont Morgan y del petróleo.

En cambio, la misma emoción histórica que nos acerca a esta América revolucionaria nos separa de la España reaccionaria de los Borbones y de Primo de Rivera. ¿Qué puede enseñarnos la España de Vázquez de Mella y de Maura, la España de Pradera y de Francos Rodríguez? Nada; ni siquiera el método de un gran Estado industrialista y capitalista. Las civilización de la potencia no tiene su sede en Madrid ni en Barcelona; la tiene en Nueva Cork, en Londres, en Berlín. La España de los Reyes Católicos no nos interesa absolutamente. Señor Pradera, señor Francos Rodríguez, quedaos íntegramente con ella.

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José Carlos Mariátegui La Chira (Moquegua, 14 de junio de 1894 - Lima, 16 de abril de 1930), fue un escritor, periodista, y pensador político marxista peruano. Autor prolífico a pesar de su temprana muerte, El Amauta (del quechua: hamawt'a, 'maestro', nombre con el que también es conocido en su país) es uno de los principales estudiosos del marxismo en Iberoamérica, destacando entre todos sus libros los 7 ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, obra de referencia para la intelectualidad del continente.1 Fue el fundador del Partido Socialista Peruano en 1928 (que tras su muerte pasaría a denominarse Partido Comunista Peruano, a instancias de la III Internacional, y por obra de Eudocio Ravines, que ejercía entonces la secretaría general del partido), fuerza política que, según su acta de fundación, tendría como herramienta axial al Marxismo-Leninismo, y de la Confederación General de Trabajadores del Perú, en 1929.

Para el sociólogo y filósofo Michael Löwy, Mariátegui es "indudablemente el pensador marxista más vigoroso y original que América Latina haya conocido”. En la misma línea, José Pablo Feinmann, filósofo y crítico cultural argentino, lo declara el "más grande filósofo marxista de Latinoamérica".

Obras de José Carlos Mariátegui (PDFs descargbles):







Ver también: 



22/6/15

Slavoj Žižek: Crisis en social democracia y futuro de la izquierda (Vídeo, 2012)(Entrevista)


Slavoj Zizek, disertación en: Leftvision, plataforma de televisión crítica y alternativa. 
(Plattform, für kritisches und alternatives Fernsehen, leftvision.de).


«Estoy harto de esa izquierda que ni siquiera desea ganar» Slavoj Zizek (Entrevista*)

Si un pensador puede estar de moda, el del momento actual es el esloveno Slavoj Žižek. Nacido en Liubliana en 1949, su obra se caracteriza por atender a los movimientos sociales y culturales de hoy, desde una perspectiva en la que se abrazan Lacan y Marx, pero donde no es extraño que se cite el cine de Lars von Trier, los dibujos animados de la Warner Bros, los ensayos de Eliot o el éxito Gangnam Style. Un pensador que escribe para que se le entienda, y que odia aburrir. Acontecimiento, recién publicado en España por Sexto Piso, es la última entrega de una producción incesante.

Al teléfono, Zizek es un conversador entusiasta, que apenas necesita el estímulo de una pregunta para lanzar su discurso y derivar de una reflexión a otra, sin perder nunca el hilo. Es fácil imaginarlo al frente de un aula, fascinando a todo el auditorio.

Se le considera como el gran filósofo de la izquierda en Europa. ¿Es una pesada responsabilidad?

Sí, pero porque mi mensaje es pesimista. La izquierda está aún sumida en una profunda crisis, y lo único que nos puede salvar es una nueva izquierda. Las protestas que estallaron en todas partes hace dos o tres años, estaba claro en contra de qué estaban. ¿Pero a favor de qué? ¿Una idea keynesiana? ¿Una reforma del capitalismo? Yo puedo lanzar preguntas, mostrar qué es lo que no funciona hoy, perfilar problemas, pero no tengo respuestas concretas.

Uri Avnery dijo que la izquierda israelí necesita empezar de cero, evitando el error del que quiso deshacerse de un bumerán y lo lanzó…

Totalmente de acuerdo. Como dijo mi amigo Alain Badiou: el siglo XX ha terminado. Todas las formas de izquierda del siglo XX, el comunismo estalinista, el Estado de bienestar socialdemócrata, pero también todos estos sueños secretos de democracia directa, movilización permanente, consejos de comunidades locales donde la gente se autoorganiza…. No creo que nada lleve a una solución.

¿Cuál ha sido el punto crítico?

Pues que no solo en Europa, sino en cualquier parte, algunos políticos o partidos de izquierdas más radicales llegan al poder y la gente está llena de esperanza, piensa que las cosas pueden mejorar, pero luego hay una desilusión. Por ejemplo, Sudáfrica. Todos éramos felices cuando el Congreso Nacional Africano de Mandela llegó al poder; y tal vez ahora las cosas estén un poco mejor. Pero todos los problemas siguen ahí. Lo mismo con el populismo latinoamericano. Europa lo mira: allí tienen la fórmula… ¡No, no la tienen! Yo nunca me he fiado de ese modelo.

Pero sí pone su esperanza en Alexis Tsipras, del partido griego Syriza ¿verdad?


Sí, ¿sabe por qué? Estoy harto de esa izquierda marginal que no solo sabe que nunca llegará al poder, sino que secretamente ni siquiera lo desea. De Syriza admiro esa seria voluntad de gobernar, de jugar. Pero las cosas serán extremamente complicadas para ellos. Pongamos que gana las próximas elecciones. Tendrán en contra a una enorme mayoría del aparato del Estado; porque Grecia es un gran Estado clientelar, donde dos millones de personas son empleados públicos, con sus chanchullos. Pero deberían ser valientes, intentarlo. Como Napoleón: On attaque, et on verra. Atacas y luego ya verás.

15/6/14

Marx en el Soho(Brian Jones)(+Vídeos+Libro)

"En nuestro tiempo,
 el cambio se cierne sobre el mundo
 y no se podrá detener 
o ser canalizado como desearíamos. 
 La cuestión actual, es entenderlo". 
 Karl H. Marx

Marx en el Soho: interpretado por Brian Jones, 2010

Marx en el Soho, escrito en 1999 por el historiador Howard Zinn (1922-2010), es un monólogo sobre la vida de Karl Marx. Zinn afirmó que escribió la obra para "mostrar un Marx como pocas personas lo conocían, como un hombre de familia, que luchaba por mantener a su esposa e hijos."

La obra representa a un Marx, quien resucitó para defender los ideales del comunismo de su versión deshumanizada, practicado en la antigua Unión Soviética y para defender a la humanidad del capitalismo.

Zinn escribe en su prólogo, que ya en la edad de 17 años, había encontrado las potencialidades dramáticas del tema, en particular, "porque todo el establecimiento de los gobiernos no era neutral, y que, a pesar de sus pretensiones, sirven a la clase capitalista, ....,  cuando mis amigos comunistas, me trajeron con ellos a una manifestación en Times Square, cientos de personas desplegaron pancartas que proclamaban la oposición a la guerra y al fascismo; marcharon por las calles, entonces oí sirenas. La policía montada arremetió contra la multitud. Yo quedé inconsciente por los golpes de un policía vestido de civil. Cuando desperté, y despejé mi mente, sólo podía pensar en algo inquietante: la policía y el Estado,  son los defensores de las clases con gran riqueza. Entonces, ¿La libertad de expresión y la libertad de agrupación dependía  de clase sociales a la que pertenecías?". Zinn explica que: "Karl y Jenny Marx se habían trasladado a Londres después de haber sido expulsado de un país tras otro en el continente europeo. Vivían en el mugriento distrito de Soho, y los revolucionarios de toda Europa, habían llegado a Londres, para ir a visitarlo a su casa. Esa escena imaginada, -con Marx en casa, con su esposa y Jenny, su hija Eleanor-, me fascinó ".
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Intepretación de Brian Jones, actor afroamericano y activista, quien ha presentado este monólogo como un atractivo espectáculo en todo EE.UU. desde 1999. Grabación: Lannan Foudation
Howard Zinn y Brian Jones

22/8/12

Salvador Allende y el marxismo en América Latina

- Salvador Allende (Filosofía aquí y ahora, IV, 12)(J. P. Feinmann)

Salvador Guillermo Allende Gossens (Santiago, 26 de junio de 1908 – Santiago, 11 de septiembre de 1973) fue un médico y político socialista chileno, presidente de Chile entre el 4 de noviembre de 1970 y el 11 de septiembre de 1973. Allende fue un destacado político desde sus estudios en la Universidad de Chile. Fue sucesivamente diputado, ministro de Salubridad del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, y senador desde 1945 hasta 1970, ejerciendo la presidencia de dicha cámara del Congreso entre 1966 y 1969. Fue candidato a la presidencia de la República en cuatro oportunidades: en las elecciones de 1952 obtuvo un magro resultado; en 1958 alcanzó la segunda mayoría relativa tras Jorge Alessandri; en 1964 obtuvo un 38% de los votos, que no le permitieron superar a Eduardo Frei Montalva; y, finalmente, en 1970 en una reñida elección a tres bandas, obtuvo la primera mayoría relativa de un 36,6%, siendo ratificado por el Congreso Nacional. De ese modo, se convirtió en el primer presidente marxista en Occidente que accedió al poder a través de elecciones generales en un Estado de Derecho. El gobierno de Allende, apoyado por la Unidad Popular (un conglomerado de partidos de izquierda), destacó tanto por el intento de establecer un camino no revolucionario hacia un Estado socialista usando medios legales –la vía chilena al socialismo–, como por proyectos como la nacionalización del cobre, en medio de la polarización política internacional de la Guerra Fría y de una grave crisis económica y financiera interna. La Cámara de Diputados, de mayoría opositora, aprobó un documento en agosto de 1973 en el que acusaba al gobierno de Allende de incurrir en violaciones permanentes de la constitución. Su gobierno terminó abruptamente mediante un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973, en el que participaron las tres ramas de las Fuerzas Armadas y el cuerpo de Carabineros, tres años antes del fin su mandato constitucional; ese mismo día, luego que el Palacio de La Moneda fuese atacado por aviones y tanques, se suicidó. Tras el fin de su gobierno sobrevino una dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet, que duraría 17 años. José Ignacio del Castillo.




Marxismo en América Latina
Antonio Salamanca Serrano (1)

El marxismo es una praxis histórica revolucionaria que busca liberar a los pueblos de la opresión del capitalismo en la construcción de la sociedad sin clases comunista. Alumbrada por la vida y obra de K. Marx y F. Engels en el siglo XIX, el marxismo inicia su entrada en América Latina a finales de esa centuria. Sin embargo, la llegada e ‘inculturación’ de parte de la praxis marxista, comenzando por la misma producción teórica de Marx, se dilatará en el tiempo. Obras como De la crítica de la Filosofía del Estado de Hegel, verá la luz en 1927; los Manuscritos económico filosóficos de 1844, y el texto íntegro de La Ideología Alemana, en 1932; los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), en 1939-1941, y en castellano en 1972, etc. A pesar de las limitaciones, la historia real del marxismo en este continente ha sido la de millones de hombres y mujeres que han entregado, y siguen ofreciendo sus vidas, hasta el martirio por la liberación de sus pueblos en la construcción de una sociedad sin clases comunista.